Subasta online
La subasta de tu fantacalcio, online
Cada uno desde su casa, todos en la misma cuenta atrás. Tú cantas los jugadores, los demás pujan desde el móvil, y los créditos se descuentan sin que nadie toque una hoja de cálculo.
Cuándo conviene hacerla online
La liga tiene diez años y la subasta siempre se ha hecho en el salón. Luego uno se muda por trabajo, otro hace turnos, dos tienen hijos pequeños y después de cenar no salen. En agosto arranca la encuesta en el grupo y la fecha buena para tener a todos en el mismo sitio no existe.
Quedan dos alternativas: la subasta con tres delegaciones y media liga descontenta, o la subasta online. La segunda funciona, siempre que no se improvise con una hoja compartida y una llamada de grupo. Quien lo ha intentado sabe cómo acaba: por el décimo jugador los créditos ya no cuadran, dos personas juran haber pujado primero y el «tres, dos, uno» le llega a cada uno con un retraso distinto.
Qué hace falta
Un enlace personal por equipo
Quien organiza crea la subasta y manda a cada equipo su propia dirección. Ese enlace es la credencial: quien lo abre está dentro, sin registrarse y sin contraseña que recordar. Si acaba en el grupo equivocado se regenera, y el viejo deja de funcionar al instante.
Un navegador, no una app
Se juega desde el navegador del móvil. No hay nada que descargar la noche de la subasta, que es el peor momento para pedirle a diez personas que instalen algo.
Una videollamada para la voz
Los números los lleva la mesa, pero una subasta muda es triste. Basta con una llamada de grupo abierta al lado: no tiene que compartir ninguna pantalla, solo sirve para oírse.
Cómo va la noche
Los jugadores salen a subasta de dos maneras. Las estrellas pasan por la urna, es decir, se sortean porque antes o después van a tener que salir igualmente. Todos los demás se quedan en chiamata y solo salen si alguien los pide por su nombre.
A partir de ahí siempre es la misma vuelta: se abre el lote, arranca la cuenta atrás, cada puja la reinicia y cuando expira el jugador va a quien pujó el último. Los créditos se descuentan, la plantilla se actualiza y el tablero se lo enseña a todos en el mismo momento.
El tiempo lo lleva el servidor. Cada móvil corrige el desfase de su propio reloj, así que la cuenta atrás que ves es la de verdad, y una puja vale cuando llega a la mesa: ya no hay discusión sobre quién fue primero, porque ha dejado de ser cuestión de opiniones.
Mitad en el salón, mitad conectados
El caso más común no es la liga entera desperdigada: es esa en la que seis personas quedan en casa de alguien y tres están en otro sitio. Funciona igual. El tablero va en una pantalla grande en el salón, quien está presente puja desde su móvil como los demás, y quien está conectado ve lo mismo en el mismo instante.
Lo único que hay que cuidar es la voz: si en el salón se habla y los conectados solo oyen silencio, la subasta se vuelve injusta antes incluso que incómoda. Un móvil en medio de la mesa con la llamada abierta lo resuelve.
Preguntas
- ¿Hace falta que todos tengan cuenta para hacer la subasta online?
- No. La cuenta solo la necesita quien organiza. Los demás reciben un enlace personal y juegan desde ahí, sin registrarse y sin instalar nada.
- ¿Cómo se sabe que la cuenta atrás es igual para todos?
- El tiempo lo lleva el servidor, no los móviles. Cada pantalla muestra la misma cuenta atrás corregida por el desfase de su propio reloj, y la puja vale en el momento en que llega a la mesa, no en el que sale.
- ¿Hace falta igualmente una videollamada?
- Conviene. Los números los lleva la mesa, pero las pullas y las negociaciones son media noche: basta con una llamada de grupo abierta al lado, y no tiene que enseñar nada.
- ¿Y si a alguien se le cae la conexión durante una puja?
- Vuelve a abrir su enlace y encuentra la subasta en el punto en el que va: el estado está en el servidor, no en el móvil. Si el momento era decisivo, el subastador puede anular la última adjudicación y repetir el lote.
- ¿Se puede hacer mitad presencial y mitad a distancia?
- Sí, y es el caso más común. Quien está en la habitación mira el tablero en una pantalla grande y puja desde su móvil como los demás: para la mesa no cambia nada.